Mauricio Linares (Buenaventura)
  

Mi Nombre es Mauricio Linares, hijo legitimo de María Bejarano y Efraín Segundo Linares, nieto de Celso Linares y María del Rosario. Nacido de buena fe en Buenaventura. Lo que hago es contar historias, historias propias que habitan en mis recuerdos: De hombres del mar Pacifico y de Buenaventura. De Mujeres fértiles y cuerpos de ébano. De atardeceres enloquecedores y viajes milenarios donde sobrevive aferrándose al último suspiro de los muertos la vida.

Recuerdo a la muerte caminando despacio, erguida y silenciosa por el zaguán de mi casa atrapando solsticios y equinoccios que alumbraban el cielo. Recuerdo a las mujeres que rodeaban mi infancia, mi vieja abuela, mis tías solteronas, mi madre silenciosa y llena de temores, mis primas oliendo a limones frescos, la vieja Asunción que siempre me regalaba un dulce de coco, doña Emerita que me gritaba mientras agitaba ante mi rostro sus manos sarmentosas: No te volvas a robar mis mangos o te convertiré en una iguana. El viejo árbol de mandarinas donde muchas noches escuche a los antiguos contar aquellas historias que me deslumbraban mientras las imaginaba.

Recuerdo la casa vieja y amplia donde viví cuando era niño, pero que con los años y los nuevos hijos, hermanos, nietos y primos se fue haciendo más pequeña. La misma casa que lentamente vio envejecer a mis abuelos, mis padres y mis tíos. El mar que nos alimentaba y donde antes de partir abandone al naufragio imperecedero del desaliento mi niñez. La noche tibia de un martes donde por primera vez le robe un beso a Aurora y las otras noches cálidas donde nuestro amor le fue robando tiempo a la tristeza mientras la brisa del mar acariciaba su rostro mulato y la negrura de su cabello. Las calles por donde pase camino a la escuela, algunas veces perezoso otras veces alegre.

Esos son mis recuerdos y de esos recuerdos escribo este puñado de historias que vengo a contar, son historias sencillas como los hombres y mujeres que las habitan. A veces huelen a mandarinas y mangos, otras veces a caña de azúcar, ron, soledad, amor y desencanto. Estas son mis historias que a la postre también le pertenecen a quien las escucha.

 

 

 

 

 

 

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